* Traducción del Panel Internacional de Traducción 19 abril 2023 de un documento proveniente de Bahá’í Reference Library ubicado en bahai.org/library. Se permite utilizar su contenido con sujeción a las condiciones de uso que se encuentran en www.bahai.org/legal.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Noreste
Revelada el 26 de marzo de 1916 en la habitación de ‘Abdu’l-Bahá en la casa de Bahjí, dirigida a los bahá’ís de nueve estados del Noreste de los Estados Unidos: Maine, Massachusetts, Nuevo Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Vermont, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva York.
¡Oh heraldos celestiales!
Estos son los días de Naw-Rúz. ¡Siempre pienso en esos amables amigos! Imploro para todos y cada uno de vosotros las confirmaciones y la ayuda del umbral de la unicidad, pidiendo que esas reuniones ardan como lámparas en las repúblicas de América y enciendan la luz del amor a Dios en los corazones; y que, de esta forma, los rayos de las enseñanzas celestiales engalanen e iluminen los estados de América, como estrellas de la Más Grande Guía en la infinitud del firmamento.
En cuanto a los estados del Noreste a orillas del Atlántico —Maine, Nuevo Hampshire, Massachusetts, Rhode Island, Connecticut, Vermont, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva York—, en algunos de ellos ya hay creyentes, pero en algunas de las ciudades de esos estados la gente no está todavía iluminada con las luces del Reino y no son conscientes de las enseñanzas celestiales; por tanto, cuando os sea posible a cada uno de vosotros, id a esas ciudades y brillad cual estrellas con la luz de la Más Grande Guía. En el glorioso Corán, Dios dice: «La tierra estaba yerma y seca. Luego hicimos que la lluvia cayera sobre ella y al punto se volvió verde y lozana, y brotaron con abundancia toda suerte de plantas»1. En otras palabras, dice que la tierra está yerma, mas, cuando descienden sobre ella las lluvias primaverales, esa tierra reseca revive y brotan de ella flores de muchos colores. Quiere decirse con ello que las almas de la humanidad que pertenecen al mundo de la naturaleza son como la tierra seca; pero, cuando se derraman las efusiones celestiales y aparecen los resplandores radiantes, los corazones resucitan, se libran de la oscuridad de la naturaleza, y las flores de los misterios divinos crecen y proliferan. Por lo tanto, el ser humano debe convertirse en la causa de la iluminación del mundo de la humanidad y propagar las enseñanzas santas reveladas en los libros sagrados mediante la inspiración divina. En el santo Evangelio se dice: Viajad hacia el Este y el Oeste e iluminad a las gentes con la luz de la Más Grande Guía, de modo que obtengan su porción y parte de la vida eterna.2 Alabado sea Dios, pues los estados del Noreste poseen la máxima capacidad. Puesto que el terreno es fértil, desciende la lluvia de las efusiones divinas. Ahora debéis llegar a ser agricultores celestiales y esparcir las semillas puras en la tierra preparada. La cosecha de cualquier otra semilla es limitada, pero la generosidad y las bendiciones de la semilla de las enseñanzas divinas es infinita. En los siglos y ciclos venideros se recogerán muchas cosechas. Considerad la labor de las generaciones anteriores. Durante la vida de Jesucristo, las almas creyentes y firmes eran pocas y contadas, pero las bendiciones celestiales descendieron tan copiosamente que, en unos cuantos años, innumerables almas entraron al amparo de la sombra del Evangelio. Dios ha dicho en el Corán: «Un grano producirá siete gavillas y cada gavilla contendrá cien granos».3 En otras palabras, un grano se convertirá en setecientos; y, si es la voluntad de Dios, Él también doblará esta cantidad. Con frecuencia ha sucedido que un alma bienaventurada ha llegado a ser causa de guía para una nación. Ahora no debemos considerar nuestras aptitudes y capacidad; no, más bien, hoy debemos fijar la mirada en los favores y la munificencia de Dios, Quien ha hecho un mar de una gota y un sol de un átomo.
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Sur
Revelada el 27 de marzo de 1916 en el jardín contiguo al Santuario de Bahá’u’lláh, dirigida a los bahá’ís de los dieciséis estados del Sur de los Estados Unidos: Delaware, Maryland, Virginia, Virginia Occidental, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Florida, Alabama, Misisipi, Tennessee, Kentucky, Luisiana, Arkansas, Oklahoma y Texas.
¡Oh heraldos del Reino de Dios!
Hace pocos días se remitió una epístola a esos creyentes de Dios, pero puesto que estos son los días de Naw-Rúz, me he acordado de vosotros y os envío esta felicitación con motivo de tan gloriosa festividad. Todos los días son benditos, pero esta fiesta es la festividad nacional de Persia. Los persas han venido celebrándola durante varios miles de años. En realidad, todo día que el ser humano pase recordando a Dios, difundiendo las fragancias de Dios y convocando a las gentes al Reino de Dios, ese día es su fiesta. Alabado sea Dios, por cuanto estáis dedicados al servicio del Reino de Dios y ocupados en promulgar la religión de Dios de día y de noche. Por tanto, todos vuestros días son días de fiesta. No hay duda de que la ayuda y la bendición de Dios descenderán sobre vosotros.
En los estados del Sur de los Estados Unidos el número de amigos es reducido; es decir: en Delaware, Maryland, Virginia, Virginia Occidental, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Florida, Alabama, Misisipi, Tennessee, Kentucky, Luisiana, Arkansas, Oklahoma y Texas. Por lo tanto, debéis ir allí vosotros mismos, o bien enviar a esos estados a algunas almas benditas para que guíen a las gentes hacia el Reino Celestial. Una de las santas Manifestaciones ha dicho, dirigiéndose a un creyente, que si una persona llega a ser la causa de la iluminación de una sola alma, ello es preferible a un tesoro ilimitado. «¡Oh ‘Alí! ¡Si Dios guía a una sola alma a través de ti, ello es mejor para ti que todas las riquezas!». Asimismo, Él afirma: «¡Guíanos por el recto sendero!»;1 es decir, muéstranos el camino recto. También se menciona en el Evangelio: «Viajad a todas partes del mundo e impartid las buenas nuevas de la aparición del Reino de Dios».2
En suma, confío en que mostraréis el mayor esfuerzo y magnanimidad a este respecto. Es seguro que recibiréis ayuda y confirmación. Una persona que anuncia la buena nueva de la aparición de las realidades y significados del Reino es como un agricultor que esparce semillas puras sobre terreno fértil. La nube primaveral derramará sobre ellas la lluvia de la generosidad y, sin duda, el rango del agricultor se elevará a los ojos del señor de la aldea, y se recogerán muchas cosechas.
Por lo tanto, amigos de Dios, apreciad el valor de este momento y ocupaos en la siembra de las semillas, para que alcancéis la bendición celestial y la dádiva señorial. ¡Bahá’u’l-Abhá sea con vosotros!
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados centrales
Revelada el 29 de marzo de 1916 en el exterior de la casa de Bahjí, y dirigida a los bahá'ís de doce estados centrales de los Estados Unidos: Míchigan, Wisconsin, Illinois, Indiana, Ohio, Minnesota, Iowa, Misuri, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska y Kansas.
¡Oh almas celestiales! ¡Oh asambleas espirituales! ¡Oh reuniones señoriales!
Durante un tiempo ha habido cierto retraso en la correspondencia, debido a las dificultades en el envío y la recepción de cartas. Pero, dado que ahora existen mejores condiciones, me dispongo a escribiros esta breve epístola para que mi alma y mi corazón se alegren y se perfumen con el recuerdo de los amigos. Este errante suplica y ruega constantemente ante el umbral de Su Santidad, el Único, e implora ayuda, munificencia y confirmaciones celestiales en nombre de los creyentes. Siempre os tengo en mente. No sois ni seréis nunca olvidados. Confío en que, mediante el favor del Todopoderoso, día a día acrecentéis vuestra fe, certidumbre, firmeza y constancia, y os convirtáis en instrumentos para la promoción de las santas fragancias.
A pesar de que —alabado sea Dios— hay creyentes en los estados de Illinois, Wisconsin, Ohio, Míchigan y Minnesota que se asocian unos con otros con la mayor firmeza y constancia, que día y noche no albergan otra intención salvo difundir las fragancias de Dios ni esperanza alguna excepto promover las enseñanzas celestiales, que arden como cirios con la luz del amor a Dios, y como aves agradecidas entonan cantos que transmiten espíritu y alegría en el rosedal del conocimiento de Dios, en los estados de Indiana, Iowa, Misuri, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska y Kansas los creyentes son pocos. Hasta la fecha, no se ha pronunciado el llamamiento del Reino de Dios ni se ha proclamado la unicidad del mundo de la humanidad en esos estados de manera sistemática y entusiasta. Por esos lugares no han viajado repetidamente almas benditas y maestros desprendidos; por lo tanto, dichos estados se encuentran todavía en situación de descuido. Mediante los esfuerzos de los amigos de Dios, en esos estados deben asimismo encenderse almas con el fuego del amor a Dios y ser atraídas hacia el Reino de Dios, de modo que esas tierras también se iluminen y la brisa vivificadora procedente de la rosaleda del Reino perfume el olfato de sus habitantes. Así pues, si es posible, enviad a esos lugares maestros que estén desprendidos de todo menos de Dios, y sean santificados y puros. Si esos maestros se encuentran en el mayor estado de atracción, en poco tiempo se obtendrán resultados. Los hijos y las hijas del reino son como verdaderos agricultores. Por cualquier estado o país que pasen, muestran abnegación y siembran semillas divinas. A partir de esa semilla se producen cosechas. Sobre este tema, el glorioso Evangelio dice: Cuando se esparcen semillas puras en buena tierra se obtienen bendiciones y dádivas celestiales.1 Confío en que recibáis ayuda y confirmaciones, y que nunca perdáis el ánimo en la promoción de las enseñanzas divinas. Ojalá que día y noche acrecentéis vuestro esfuerzo, empeño y magnanimidad.
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Oeste
Revelada el 1 de abril de 1916 en la habitación de ‘Abdu’l-Bahá en la casa de Bahjí, dirigida a los bahá’ís de once estados del Oeste de los Estados Unidos: Nuevo México, Colorado, Arizona, Nevada, California, Wyoming, Utah, Montana, Idaho, Oregón y Washington.
¡Él es Dios!
¡Oh hijos e hijas del Reino!
Día y noche no tengo otra ocupación más que el recuerdo de los amigos, y oro por ellos desde lo más hondo de mi corazón, imploro por ellos la confirmación del Reino de Dios y suplico que les llegue el efecto directo de los alientos del Espíritu Santo. Mediante los favores del Señor de las Bendiciones, confío en que los amigos de Dios se conviertan ahora en la causa secreta de la iluminación de los corazones de la humanidad, que insuflen el aliento de vida en los espíritus, y que los encomiables frutos de ello lleven a la gloria y exaltación de la humanidad por toda la eternidad. Aunque en algunos de los estados del Oeste, como California, Oregón, Washington y Colorado, se difunden las fragancias de la santidad y muchas almas han tomado una parte y porción de la fuente de vida sempiterna, han obtenido bendiciones celestiales, han apurado una copa desbordante del vino del amor a Dios y han escuchado la melodía del Concurso Supremo, en los estados de Nuevo México, Wyoming, Montana, Idaho, Utah, Arizona y Nevada la lámpara del amor a Dios no ha prendido de manera conveniente y adecuada, ni se ha alzado el llamamiento del Reino de Dios. Ahora, a ser posible, realizad un esfuerzo en esa dirección. Viajad vosotros personalmente por esos estados, o bien escoged a otros y enviadlos para que instruyan a las almas. Hasta el momento, esos estados son como cuerpos sin vida: los amigos deben insuflar en ellos el aliento de vida y conferirles un espíritu celestial. Deben brillar como estrellas en ese horizonte para que, de ese modo, los rayos del Sol de la Realidad iluminen también esos estados.
En el gran Corán, Dios dice: «En verdad Dios es el auxiliador de los creyentes. Él los conducirá de la oscuridad a la luz».1 Es decir: Dios ama a los creyentes y, por consiguiente, los liberará de la oscuridad para llevarlos al mundo de la luz.
En el santo Evangelio consta también: Viajad por el mundo y convocad a las gentes al Reino de Dios.2 Ahora es cuando podéis disponeros a cumplir este grandísimo servicio y llegar a ser la causa de la guía de innumerables almas, de tal modo que, mediante este servicio sobrehumano, los rayos de la paz y la conciliación iluminen y esclarezcan todas las regiones y el mundo de la humanidad encuentre paz y sosiego.
Durante mi estancia en América, pronuncié un llamamiento en cada reunión y convoqué a las gentes a propagar los ideales de la paz universal. Dije claramente que el continente de Europa se había convertido en un arsenal y que su conflagración dependía de una chispa, y que próximamente, o en cuestión de dos años, se cumpliría y sucedería todo lo que está registrado en el Apocalipsis de San Juan y en el Libro de Daniel. Con toda probabilidad, lo referido fue publicado en el Bulletin de San Francisco del 12 de octubre de 1912. Remitíos a él, para que la verdad se haga clara y manifiesta, y así comprendáis plenamente que este es el momento de la difusión de las fragancias.
La magnanimidad del ser humano ha de ser celestial o, en otras palabras, debe recibir el auxilio de las confirmaciones divinas, de modo que se convierta en la causa de la iluminación del mundo de la humanidad.
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Tabla dirigida a los bahá’ís de Canadá y Groenlandia
Revelada el 5 de abril de 1916 en el jardín contiguo al Santuario de Bahá’u’lláh y dirigida a los bahá’ís de Canadá —Terranova, Isla del Príncipe Eduardo, Nueva Escocia, Nuevo Brunswick, Quebec, Saskatchewan, Manitoba, Ontario, Alberta, Columbia Británica, Yukón, Mackenzie, Keewatin, Ungava, islas Franklin— y Groenlandia.
¡Él es Dios!
¡Oh hijas e hijos del Reino!
Si bien en la mayoría de los estados y ciudades de los Estados Unidos, gracias a Dios, se han difundido Sus fragancias y un sinnúmero de almas está volviendo el rostro y avanzando hacia el Reino de Dios, sin embargo, en algunos estados aún no se ha izado el Estandarte de la Unidad como debiera, ni tampoco se han descifrado los misterios de los Libros Sagrados, como la Biblia, los Evangelios y el Corán. Mediante los esfuerzos combinados de todos los amigos, el Estandarte de la Unidad debe necesariamente desplegarse en esos estados, y las enseñanzas divinas han de promoverse de manera que esos estados también participen de las bendiciones divinas y obtengan una porción de la Más Grande Guía. Asimismo, en las provincias de Canadá, como Terranova, la Isla del Príncipe Eduardo, Nueva Escocia, Nuevo Brunswick, Quebec, Ontario, Manitoba, Saskatchewan, Alberta, Columbia Británica, Ungava, Keewatin, Mackenzie, Yukón, y las islas Franklin del círculo ártico, los creyentes de Dios deben ser abnegados y, como antorchas de guía, arder en las provincias de Canadá. Si despliegan esa magnanimidad, es seguro que obtendrán confirmaciones divinas y universales, las cohortes celestiales los reforzarán sin cesar y se logrará una grandísima victoria. Si Dios quiere, el llamado del Reino podrá llegar a oídos de los esquimales, a los habitantes de las islas Franklin al norte de Canadá, así como a Groenlandia. Si se enciende el fuego del amor a Dios en Groenlandia, todo el hielo de ese país se fundirá y su frío clima se volverá templado; es decir, si el calor del amor a Dios llega a los corazones, ese territorio se convertirá en un rosedal divino y un paraíso celestial, y las almas, como árboles fecundos, adquirirán la mayor belleza y lozanía. Se requiere esfuerzo, el máximo esfuerzo. Si desplegáis un esfuerzo tal que las fragancias de Dios se difundan entre los esquimales, su efecto será muy grande y de mucho alcance. En el gran Corán, Dios dice: Llegará un día en que las luces de la unidad iluminarán todo el mundo. «La Tierra resplandecerá con la luz de su Señor».1 En otras palabras, la Tierra se iluminará con la luz de Dios. Esa luz es la luz de la unidad. «No hay Dios sino Dios». El continente y las islas de los esquimales son también parte de esta Tierra. Deben recibir, igualmente, una porción de las bendiciones de esta Más Grande Guía.
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Tabla dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá
Revelada el 8 de abril de 1916 en el jardín exterior del Santuario de Bahá’u’lláh y dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá.
¡Él es Dios!
¡Oh almas benditas!
Os deseo triunfo y prosperidad eternos, e imploro para cada uno de vosotros perfecta confirmación en el mundo divino. Es mi esperanza que cada uno resplandezca como el sol en el horizonte del mundo y que, en este Jardín de Dios, llegue a ser un árbol bendito que produzca frutos y resultados sempiternos.
Por lo tanto, os dirijo hacia aquello que es motivo de vuestra confirmación e iluminación celestiales en el Reino de Dios.
Se trata de esto: Alaska es un país inmenso; aunque una de las siervas del Misericordioso ha ido a esas regiones en calidad de bibliotecaria de una biblioteca pública y está enseñando la Causa en la medida de su capacidad, el llamamiento del Reino de Dios no se ha alzado todavía en ese espacioso país.
Cristo dice: Viajad al Oriente y Occidente del mundo, y convocad a las gentes al Reino de Dios.1 Por tanto, la misericordia de Dios debe abarcar a toda la humanidad. Así pues, no penséis que es permisible dejar a aquella región privada de las brisas de la Mañana de la Guía. En consecuencia, esforzaos todo lo posible para enviar a esas regiones oradores elocuentes, desprendidos de todo salvo de Dios, atraídos por las fragancias de Dios, y libres y purificados de todo deseo y tentación. Su alimento y sostén deben ser las enseñanzas de Dios. Primero deben vivir ellos mismos de acuerdo con esos principios, y luego guiar a las gentes. Quizá, Dios mediante, las luces de la Más Grande Guía iluminen aquel país y las brisas de la rosaleda del amor a Dios perfumen el olfato de los habitantes de Alaska. Si recibís ayuda para rendir tal servicio, tened la seguridad de que vuestras frentes serán coronadas con la diadema de la soberanía eterna, y en el umbral de la unicidad llegaréis a ser los siervos aceptados y favorecidos.
Asimismo, la república de México es muy importante. La mayoría de los habitantes de ese país son católicos devotos. Desconocen por completo la realidad de la Biblia, del Evangelio y de las nuevas enseñanzas divinas. No saben que el fundamento de las religiones de Dios es uno solo y que las santas Manifestaciones son como el Sol de la Verdad, que aparece desde distintos puntos de amanecer. Esas almas están sumergidas en el mar de los dogmas. Si sobre ellas se exhala un aliento de vida, grandes serán los resultados. Pero es mejor que quienes tengan la intención de ir a México para enseñar estén familiarizados con la lengua española.
Otro tanto cabe decir por lo que respecta a las seis repúblicas centroamericanas, situadas al sur de México: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, y el séptimo país, Belice u Honduras Británica. Los maestros que vayan a esas regiones deben también estar familiarizados con la lengua española.
Tenéis que prestar gran importancia a los indígenas, los habitantes originarios de América, pues esas almas pueden compararse con los antiguos habitantes de la Península Arábiga, quienes, antes de la Revelación de Muḥammad, eran como salvajes. No obstante, cuando la luz de Muḥammad resplandeció entre ellos, se encendieron a tal punto que iluminaron el mundo. Asimismo, si estos indígenas reciben educación y guía, no puede haber duda alguna de que serán a tal punto iluminados que alumbrarán el mundo entero.
Todos los países anteriormente mencionados tienen importancia, pero especialmente la República de Panamá, donde los océanos Atlántico y Pacífico se unen mediante el canal de Panamá. Se trata de un centro para viaje y tránsito desde América hacia otros continentes del mundo y, en el futuro, llegará a ser de suma importancia.
Igualmente importantes son las islas de las Indias Occidentales, como Cuba, Haití, Puerto Rico, Jamaica, las islas de las Antillas Menores, las islas Bahamas, e incluso la pequeña isla Watling; y, en especial, las dos repúblicas negras, Haití y Santo Domingo, situadas en el conjunto de las Antillas Mayores. También es importante el conjunto formado por las islas Bermudas en el océano Atlántico.
Lo mismo cabe decir de las repúblicas del continente de Suramérica: Colombia, Ecuador, Perú, Brasil, Guayana Británica, Guayana Holandesa, Guayana Francesa, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela; también las islas del norte, este y oeste de Suramérica, como las islas Malvinas, las islas Galápagos, Juan Fernández, Tobago y Trinidad. Y, asimismo, la ciudad de Bahía, situada en la costa oriental de Brasil. Puesto que hace ya algún tiempo que se la conoce por este nombre, será de muchísima efectividad.
En resumen, oh creyentes de Dios, realzad vuestros esfuerzos y agrandad vuestros propósitos. Cristo dice: Benditos son los pobres, pues suyo será el Reino del Cielo.2 En otras palabras, benditos son los pobres sin nombre y sin rastro, pues ellos son los guías de la humanidad. Igualmente se dice en el Corán: «Y deseamos favorecer a los que han sido subyugados en la tierra, y hacerlos guías espirituales entre los hombres y convertirlos en Nuestros herederos».3 Es decir, deseamos conceder un favor a las almas impotentes y dejar que se conviertan en herederas de los Mensajeros y Profetas.
Este es el momento de despojaros del atuendo del apego a este mundo perecedero, de romper por completo con el mundo físico, de convertiros en ángeles celestiales y viajar a esos países. Juro por Aquel aparte de Quien no hay otro Dios que cada uno de vosotros se convertirá en un Isráfíl de Vida y soplará el Aliento de Vida en las almas de otros. ¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Súplica
¡Oh Tú, Dios incomparable! ¡Oh Tú, Señor del Reino! Estas almas son Tu ejército celestial. Ayúdalas y hazlas victoriosas con las cohortes del Concurso Supremo, a fin de que cada una de ellas llegue a ser como un regimiento y conquiste estos países por medio del amor a Dios y la iluminación de las enseñanzas divinas.
¡Oh Dios! Sé Tú su apoyo y su ayuda, y, en el desierto, en la montaña, en el valle, en los bosques, en las praderas y en los mares, sé Tú su confidente, a fin de que puedan exclamar, por medio del poder del Reino y el hálito del Espíritu Santo:
«¡Verdaderamente, Tú eres el Poderoso, el Fuerte y el Omnipotente, y Tú eres el Sabio, el que escucha y el que ve!».
Tabla dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá
Revelada el 11 de abril de 1916 en la habitación de ‘Abdu’l-Bahá en la casa de Bahjí y dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá.
¡Él es Dios!
¡Oh verdaderos bahá’ís de América!
Alabado sea Aquel que es el Deseado, pues habéis sido confirmados en la promoción de las enseñanzas divinas en ese inmenso continente, habéis alzado el llamamiento del Reino de Dios en esa región y habéis anunciado las buenas nuevas de la manifestación del Señor de las Huestes y el Prometido. Gracias sean dadas al Señor, por cuanto habéis sido asistidos y confirmados en este propósito. Ello se debe únicamente a las confirmaciones del Señor de las Huestes y los alientos del Espíritu Santo. Aún no se ha revelado todo el alcance de vuestro éxito; todavía no se ha comprendido su significado. Dentro de poco, presenciaréis con vuestros propios ojos con qué resplandor irradiará cada uno de vosotros, como una estrella brillante, la luz de la Guía Divina en el firmamento de vuestro país, y concederá a sus gentes la gloria de una vida sempiterna.
¡Reflexionad! En la época de Cristo no se conocía el rango y la confirmación de los apóstoles, y nadie les concedía importancia alguna; antes bien, los persiguieron y ridiculizaron. Más tarde, quedaron visibles las coronas engastadas con las gemas relucientes de la guía que fueron colocadas en las frentes de los apóstoles, de María Magdalena y de María, la madre de Juan.
El alcance de vuestros logros futuros permanece todavía velado. Tengo la ferviente esperanza de que, en breve, el mundo entero se vea conmovido y sacudido por los resultados de vuestras hazañas.
Por tanto, la esperanza que ‘Abdu’l-Bahá abriga para con vosotros es que el mismo triunfo que ha acompañado vuestras actividades en América corone vuestros esfuerzos en otras partes del mundo, que mediante vosotros la fama de la Causa de Dios se difunda por todo Oriente y Occidente y que en los cinco continentes del mundo se proclame el advenimiento del Reino del Señor de las Huestes.
En el momento en que los creyentes americanos lleven el Mensaje Divino más allá de las costas de América, y se propague por los continentes de Europa, Asia, África y Australasia, y a lugares tan distantes como las islas del Pacífico, esta comunidad se verá firmemente establecida en el trono de un dominio sempiterno. Entonces reconocerán todos los pueblos del mundo que esta comunidad está espiritualmente iluminada y divinamente guiada. Entonces resonará la Tierra entera con las alabanzas de su majestuosidad y grandeza. Un grupo de personas que hablen los idiomas respectivos, desprendidas, santas, consagradas y henchidas por el amor a Dios, debe volverse en esa dirección y viajar por entre los tres grandes archipiélagos del océano Pacífico —Polinesia, Micronesia y Melanesia— y las islas adscritas a estos grupos, como Nueva Guinea, Borneo, Java, Sumatra, Filipinas, islas Salomón, las islas Fiyi, Nuevas Hébridas, islas de la Lealtad, Nueva Caledonia, archipiélago Bismarck, Ceram, Célebes, islas de la Amistad, islas de Samoa, islas de la Sociedad, islas Carolinas, archipiélago de Tuamotu, islas Marquesas, islas de Hawái, islas Gilbert, islas Molucas, islas Marshall, Timor y el resto de las islas. Con corazones desbordantes del amor a Dios, con lenguas que celebren la mención de Dios, con ojos vueltos hacia el Reino de Dios, deben entregar a todas las gentes las buenas nuevas de la manifestación del Señor de las Huestes. Sabed con certeza que en cualquier reunión a la que asistáis ondean las olas del Espíritu Santo, y la gracia celestial de la Bendita Belleza rodea a la concurrencia.
Fijaos: la señorita Agnes Alexander, la hija del Reino, la sierva amada de la Bendita Perfección, viajó sola a las islas de Hawái, a Honolulu, y ahora está ganando victorias espirituales en Japón. Considerad cómo ha recibido confirmaciones esta hija en las islas de Hawái. Se ha convertido en el medio de la guía de un conjunto de personas.
Asimismo, la señorita Knobloch viajó sola a Alemania. ¡Hasta qué punto se vio confirmada! Por tanto, sabed con certeza que todo aquel que se levante en este día para difundir las fragancias divinas será confirmado por las cohortes del Reino de Dios y rodeado por las dádivas y los favores de la Bendita Perfección.
¡Ojalá pudiera viajar a esas regiones, aunque fuese a pie y en la mayor pobreza, y, proclamando en voz alta «Yá Bahá’u’l-Abhá» en ciudades, pueblos, montañas, desiertos y océanos, promover las enseñanzas divinas! Lamentablemente, no puedo hacerlo. ¡Cuán intensamente lo deploro! Quiera Dios que vosotros lo logréis.
Actualmente, en las islas de Hawái, gracias a los esfuerzos de la señorita Alexander, algunas almas han alcanzado las orillas del mar de la fe. ¡Fijaos qué gran felicidad, qué alegría es esta! ¡Por el Señor de las Huestes! Si esta respetada hija hubiera fundado un imperio, ese imperio no habría sido tan grande. Pues esta soberanía es una soberanía eterna y esta gloria es una gloria sempiterna.
Igualmente, si algunos maestros van a otras islas y otros lugares, como el continente de Australia, Nueva Zelanda, Tasmania, y también a Japón, la Rusia asiática, Corea, la Indochina francesa, Siam, las colonias del Estrecho, India, Ceilán y Afganistán, grandes serán los resultados. Qué bueno sería si se pudiera formar una comisión compuesta por hombres y mujeres que recorriesen China y Japón, para que este vínculo de amor se fortalezca y, con estas idas y venidas, puedan establecer la unicidad del mundo de la humanidad, convocar a las gentes al Reino de Dios y difundir las enseñanzas.
De modo similar, si fuera posible, deberían viajar al continente de África, a Canarias, Cabo Verde, Madeira, Reunión, Santa Elena, Zanzíbar, Mauricio, etc., y convocar a las gentes de esos países al Reino de Dios y exclamar «¡Yá Bahá’u’l-Abhá!». También deben enarbolar el estandarte de la unicidad del mundo de la humanidad en la isla de Madagascar.
Deben traducirse o escribirse libros y folletos en los idiomas de esos países e islas, para que circulen en todos los lugares y en todas direcciones.
Se dice que en Sudáfrica se ha descubierto una mina de diamantes. Aunque esa mina es sumamente valiosa, al fin y al cabo son solo piedras. Quiera Dios que se descubra la mina de la humanidad y que se encuentren las relucientes perlas del Reino.
En resumen, esta guerra devastadora ha prendido una conflagración en los corazones que nadie es capaz de describir. En todos los países del mundo, el anhelo por la paz universal se está apoderando de la conciencia de los seres humanos. No hay una sola alma que no ansíe la concordia y la paz. Está emergiendo un maravilloso estado de receptividad. Ello es debido a la consumada sabiduría de Dios, a fin de que se cree capacidad, se enarbole el estandarte de la unicidad del mundo de la humanidad, y se promuevan los fundamentos de la paz universal y los principios divinos en Oriente y Occidente.
Por lo tanto, oh creyentes en Dios, realizad un esfuerzo y, tras esta guerra, difundid el compendio de las enseñanzas divinas en las Islas Británicas, Francia, Alemania, Austria-Hungría, Rusia, Italia, España, Bélgica, Suiza, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Portugal, Rumanía, Serbia, Montenegro, Bulgaria, Grecia, Andorra, Liechtenstein, Luxemburgo, Mónaco, San Marino, Islas Baleares, Córcega, Cerdeña, Sicilia, Creta, Malta, Islandia, islas Feroe, islas Shetland, islas Hébridas e islas Orcadas.
En todos esos países, brillad cual estrellas matutinas en el horizonte de la guía. Hasta ahora, habéis sido infatigables en vuestras labores. De ahora en adelante, vuestros empeños deben multiplicarse por mil. Invitad a las gentes de esos países, capitales, islas, asambleas e iglesias a que entren en el Reino de Abhá. El alcance de vuestros empeños debe ampliarse necesariamente. Cuanto más amplio sea su alcance, más sorprendentes serán las evidencias de la ayuda divina.
Habéis observado que mientras ‘Abdu’l-Bahá sufría la mayor debilidad y flaqueza corporales, mientras estaba enfermo y no tenía fuerzas para moverse, a pesar de ese estado físico, viajó por muchos países de Europa y América, y en las iglesias, reuniones y convenciones se ocupó en promover los principios divinos y convocó a las gentes a la manifestación del Reino de Abhá. También habéis observado cómo las confirmaciones de la Bendita Perfección rodearon a todos. ¿Qué se obtiene del descanso material, la tranquilidad, el lujo y el apego a este mundo corporal? Es evidente que la persona que persigue estas cosas se verá finalmente afligida con pérdidas y lamentación.
Por lo tanto, hay que cerrar los ojos por completo a esos pensamientos, y aspirar a la vida eterna, a la sublimidad del mundo de la humanidad, al progreso espiritual, al Espíritu Santo, a la promoción de la Palabra de Dios, a la guía de los habitantes del mundo, a la promulgación de la paz universal y a la proclamación de la unicidad del mundo de la humanidad. ¡Esta es la labor! De lo contrario, al igual que otros animales y aves, uno se ocupará en las necesidades de la vida física, cuya satisfacción constituye la mayor aspiración del reino animal, y deambular al acecho, como los cuadrúpedos.
¡Reflexionad! Por mucha riqueza, caudales y opulencia que consiga el ser humano en este mundo, no llegará a ser tan independiente como la vaca. Pues esas vacas cebadas pacen libremente en la extensa planicie. ¡Todas las praderas y los campos son sus pastos, y todos los manantiales y ríos, su abrevadero! Por mucho que pasten, no se agotarán los campos. Es evidente que se han ganado estas bondades materiales sin el menor esfuerzo.
Incluso más idílica que esta vida es la vida del ave. En la cima de una montaña, en lo alto de las ramas cimbreantes de un árbol, un ave ha construido para sí un nido más bello que los palacios reales. El aire es purísimo; el agua, fría y clara como el cristal; el paisaje, mágico y encantador. En medio de esos parajes gloriosos, disfruta de sus contados días. Todas las cosechas de la llanura son de su propiedad, y se ha procurado toda esa riqueza sin el menor esfuerzo. De ahí que, por más que avance el ser humano en este mundo, no llegará a alcanzar la condición de esa ave. Así pues, es evidente que, en los asuntos de este mundo, por mucho que se esfuerce y trabaje la persona hasta morir, será incapaz de conseguir la abundancia, la libertad y la independencia de un pajarillo. Ello prueba y establece el hecho de que el ser humano no ha sido creado para la vida de este mundo efímero; antes bien, ha sido creado para adquirir perfecciones infinitas, para lograr la sublimidad del mundo de la humanidad, acercarse al umbral divino y sentarse en el trono de la soberanía eterna.
¡Con vosotros sea Bahá’u’l-Abhá!
Quien emprenda un viaje de enseñanza a cualquier lugar, que recite esta oración día y noche durante sus recorridos por otras tierras:
¡Oh Dios, mi Dios! Tú me ves embelesado y atraído hacia Tu glorioso reino, encendido con el fuego de Tu amor entre la humanidad, un heraldo de Tu reino en estos vastos y extensos lugares, separado de todo menos de Ti, confiando en Ti, abandonando descanso y comodidad, alejado de mi tierra nativa, un errante en estas regiones, un forastero postrado en el suelo, humilde ante Tu exaltado Umbral, sumiso ante el cielo de Tu gloria omnipotente, suplicándote en medio de la noche y al romper el alba, rogándote e invocándote por la mañana y al anochecer que me ayudes bondadosamente a servir a Tu Causa, a difundir Tus Enseñanzas por doquier y a exaltar Tu Palabra por Oriente y Occidente.
¡Oh Señor! Fortalece mi espalda, haz que pueda servirte con el máximo empeño, y no me dejes solo y desamparado en estas regiones.
¡Oh Señor! Concédeme comunión contigo en mi soledad, y sé Tú mi compañero en estas tierras lejanas.
Verdaderamente, Tú confirmas a quien quieres en lo que Tú deseas y, en verdad, Tú eres el Todopoderoso, el Omnipotente.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá
Revelada el 19 de abril de 1916 en la habitación de ‘Abdu’l-Bahá en la casa de Bahjí; el 20 de abril, en las habitaciones de los peregrinos de la casa de Bahjí; el 22 de abril, en el jardín contiguo al Santuario de Bahá’u’lláh; dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá.
¡Él es Dios!
¡Oh apóstoles de Bahá’u’lláh!
¡Que mi vida sea sacrificada por vosotros!
En el Libro Sagrado se interpreta la Bendita Persona del Prometido como el Señor de las Huestes, es decir, de los ejércitos celestiales. Por ejércitos celestiales quiere decirse aquellas almas que están totalmente liberadas del mundo humano, transformadas en espíritus celestiales y convertidas en ángeles divinos. Semejantes almas son los rayos del Sol de la Realidad que iluminarán todos los continentes. Cada una porta en mano una trompeta, por la que sopla el aliento de vida sobre todas las regiones. Están liberadas de las cualidades humanas y de los defectos del mundo de la naturaleza, se caracterizan por los atributos de Dios y están atraídas por las fragancias del Misericordioso. Al igual que los apóstoles de Cristo, que estaban henchidos de Él, estas almas también se han colmado de Bahá’u’lláh; es decir, el amor de Bahá’u’lláh se ha apoderado hasta tal punto de cada órgano, cada parte y extremidad de sus cuerpos, que no ha dejado traza de las instigaciones del mundo humano.
Estas almas son los ejércitos de Dios y los conquistadores de Oriente y Occidente. Si una de ellas vuelve el rostro en cualquier dirección y convoca a las gentes al Reino de Dios, todas las fuerzas ideales y confirmaciones señoriales acudirán prestas en su apoyo y refuerzo. Verá todas las puertas abiertas, y todas las plazas fuertes y castillos inexpugnables, completamente arrasados. Independientemente y en solitario, embestirá a los ejércitos del mundo, derrotará los flancos derecho e izquierdo de las huestes de todos los países, abrirá brecha a través de las líneas de las legiones de todas las naciones y llevará el ataque hasta el centro mismo de las fuerzas terrenales. Este es el significado de las Huestes de Dios.
Cualquier alma de entre los creyentes de Bahá’u’lláh que alcance esta posición será conocida como el Apóstol de Bahá’u’lláh. Por lo tanto, esforzaos de alma y corazón por alcanzar este elevado y exaltado rango, por estableceros en el trono de la gloria sempiterna y coronar vuestras sienes con la diadema resplandeciente del Reino, cuyas gemas relucientes brillen durante siglos y ciclos.
¡Oh amables amigos! Elevad vuestra magnanimidad y remontaos hacia la cumbre del cielo, para que vuestros corazones benditos se vuelvan más y más luminosos cada día mediante los rayos del Sol de la Realidad, es decir, Bahá’u’lláh; para que los espíritus obtengan nueva vida a cada momento y la oscuridad del mundo de la naturaleza se despeje por completo, y os convirtáis, así, en luz encarnada y espíritu personificado, perdáis completamente de vista los aspectos sórdidos de este mundo y entréis en contacto con los asuntos del mundo divino.
¡Contemplad las puertas que Bahá’u’lláh ha abierto ante vosotros! Considerad cuán eminente y excelsa es la posición que estáis destinados a alcanzar; cuán especiales son los dones con que habéis sido dotados. Si nos embriagáramos con esta copa, la soberanía de este mundo tendría menos valor a nuestros ojos que un juego de niños. Si colocaran en la palestra la corona del gobierno del mundo entero y nos invitaran a cada uno a aceptarla, sin duda no condescenderíamos y declinaríamos aceptarla.
No obstante, alcanzar este rango supremo depende del cumplimiento de ciertas condiciones:
La primera condición es la firmeza en la Alianza de Dios, pues el poder de la Alianza protegerá a la Causa de Bahá’u’lláh de las dudas de las gentes del error. Es la fortaleza de la Causa de Dios y el firme pilar de la religión de Dios. Hoy en día, no existe poder que resguarde la unicidad del mundo bahá’í salvo la Alianza de Dios; de lo contrario, las diferencias asediarán al mundo bahá’í como una gran tempestad. Es evidente que el eje de la unicidad del mundo de la humanidad es el poder de la Alianza, y ninguna otra cosa. Si la Alianza no hubiera llegado a ser, si no hubiera sido revelada por la Pluma Suprema, y si el Libro de la Alianza no hubiera alumbrado el mundo, cual rayo del Sol de la Realidad, las fuerzas de la Causa de Dios habrían sido totalmente desperdigadas, y algunas almas, prisioneras de sus propias pasiones y apetitos, habrían tomado en sus manos un hacha y habrían cortado la raíz de este Árbol Bendito. ¡Cada persona habría promovido sus propios deseos y cada uno habría aireado su propia opinión! A pesar de esta gran Alianza, unas cuantas almas negligentes se lanzaron al campo de batalla en sus corceles, creyendo que quizá podrían debilitar los cimientos de la Causa de Dios; mas —alabado sea Dios— todas ellas padecieron remordimiento y descalabro, y en breve se verán presas de una intensa desolación. Así pues, primeramente los creyentes deben afianzar sus pasos en la Alianza, de modo que las confirmaciones de Bahá’u’lláh los rodeen por doquier, las cohortes del Concurso Supremo lleguen a ser sus auxiliadoras y valedoras, y las exhortaciones y los consejos de ‘Abdu’l-Bahá, cual imágenes grabadas en piedra, sigan permanentes e imborrables en las tablas de todos los corazones.
La segunda condición: el amor y la camaradería entre los creyentes. Los amigos espirituales deben estar atraídos y enamorados entre sí, y siempre dispuestos y deseosos de sacrificar su propia vida para los demás. Si uno de los creyentes se encuentra con otro, debe ser como si un sediento con labios resecos hubiera llegado a la fuente del agua de vida, o si un amante hubiera encontrado a su verdadero amado. Pues uno de los mayores propósitos divinos con relación a la aparición de las santas Manifestaciones es que las almas lleguen a conocerse e intimar entre sí; que el poder del amor a Dios las convierta a todas en olas de un solo mar, flores de un solo rosedal y estrellas de un único cielo. ¡Este es el propósito de la aparición de las santas Manifestaciones! Cuando la mayor bendición se revele en los corazones de los creyentes, el mundo de la naturaleza se transformará, la oscuridad del mundo contingente se disipará, y se obtendrá iluminación celestial. El mundo entero se convertirá entonces en el Paraíso de Abhá, y cada uno de los creyentes de Dios llegará a ser un árbol bendito que producirá frutos maravillosos.
¡Oh amigos! ¡Camaradería, camaradería! ¡Amor, amor! ¡Unidad, unidad! Con el fin de que el poder de la Causa bahá’í se haga visible y manifiesto en el mundo de la existencia. Mis pensamientos están dirigidos hacia vosotros y mi corazón salta dentro de mí con vuestra mención. Si supierais cómo resplandece mi alma con vuestro amor, la dicha que invadiría vuestros corazones sería tan grande que os enamoraríais unos de otros.
La tercera condición es que los maestros deben viajar continuamente a todas partes del continente; mejor dicho, a todas partes del mundo, pero deben hacerlo como ‘Abdu’l-Bahá en su travesía por las ciudades de América. ‘Abdu’l-Bahá estaba libre y exento de todo apego, y absolutamente desprendido. Tal como afirma Cristo: Sacudid el polvo de vuestros pies.1
Habéis observado que, cuando estaba en América, muchas almas deseaban ofrecer obsequios, con las más sentidas súplicas y ruegos; pero este siervo, de acuerdo con las exhortaciones y los mandamientos de la Bendita Perfección, jamás aceptó nada, aunque en algunas ocasiones nos encontrábamos en situaciones muy precarias. Sin embargo, si un alma, por amor a Dios, y de manera voluntaria y con pureza de intención, desea ofrecer una aportación (para cubrir los gastos de un maestro), el maestro puede aceptar una pequeña suma con el fin de complacer al donante, pero debe vivir con la mayor conformidad.
El objetivo es el siguiente: la intención del maestro debe ser pura; su corazón, independiente; su espíritu, atraído; su pensamiento, en paz; su resolución, firme; su magnanimidad, elevada; y, en el amor a Dios, una antorcha encendida. Si llega a ser tal, su aliento santificado afectará incluso a la roca; de lo contrario, no se obtendrá resultado alguno. Hasta que un alma no se perfeccione, ¿cómo podrá eliminar los defectos ajenos? A menos que esté desprendida de todo salvo de Dios, ¿cómo podrá enseñar el desprendimiento a otros?
En resumen, oh creyentes de Dios, esforzaos de modo que os sirváis de todos los medios para la promulgación de la religión de Dios y la difusión de las fragancias divinas.
Entre otros medios está la celebración de reuniones de enseñanza, en las que las almas benditas y los creyentes mayores reúnan a los jóvenes del amor a Dios en escuelas de instrucción y les enseñen todas las pruebas divinas y los argumentos incontrovertibles, les expliquen y eluciden la historia de la Causa, e interpreten también las profecías y pruebas que están registradas y constan en los libros divinos y en epístolas relativas a la manifestación del Prometido, para que los jóvenes obtengan un conocimiento cabal en todas estas cuestiones.
Asimismo, siempre que sea factible, debe organizarse un comité para la traducción de las Tablas. Almas sabias que hayan dominado y estudiado cabalmente el persa, el árabe y otros idiomas extranjeros, o que sepan alguno de los idiomas extranjeros, deben comenzar a traducir las Tablas y los libros que contienen las pruebas de esta Revelación, y publicarlos y difundirlos por los cinco continentes.
De igual manera, la revista Star of the West debe editarse con suma regularidad, pero su contenido debe consistir en la promulgación de la Causa de Dios, para que Oriente y Occidente se informen de los acontecimientos más importantes.
En resumen, en todas las reuniones, ya sean públicas o privadas, no debe hablarse de otra cosa que no sea el tema bajo consideración, y todos los artículos deben girar en torno a la Causa de Dios. No deben introducirse conversaciones promiscuas, y están totalmente prohibidas las disputas.
Los maestros que viajen en distintas direcciones deben conocer el idioma del país al que vayan a entrar. Por ejemplo, una persona que domine el idioma japonés puede viajar al Japón, o una persona que conozca el idioma chino puede dirigirse a la China, y así sucesivamente.
En síntesis, tras esta guerra universal, la gente ha desarrollado una capacidad extraordinaria para prestar oído a las enseñanzas divinas, pues la sabiduría que encierra esta guerra es que quede demostrado para todos que el fuego de la guerra consume el mundo, en tanto que los rayos de la paz iluminan el mundo. Uno es causa de muerte, lo otro es causa de vida; aquello equivale a extinción, esto equivale a inmortalidad; uno es suma calamidad, lo otro es suma merced; aquello es oscuridad, esto es luz; aquello es humillación eterna y esto es gloria sempiterna; uno es el destructor de los fundamentos del ser humano, lo otro es la base de la prosperidad de la raza humana.
Por lo tanto, un número de almas pueden levantarse y actuar siguiendo las condiciones antedichas, y acudir a todas las regiones del mundo —especialmente desde América a Europa, África, Asia y Australia— y viajar por Japón y China. Asimismo, desde Alemania los maestros y creyentes pueden viajar a los continentes de América, África, Japón y China; en suma, viajar a todos los continentes e islas de la Tierra. De este modo, en poco tiempo se producirán los resultados más maravillosos, el estandarte de la paz universal ondeará en la cima del mundo y las luces de la unicidad del mundo de la humanidad iluminarán el universo.
En resumen, oh creyentes de Dios, el texto del Libro divino es este: si dos almas riñen y contienden sobre alguna cuestión de las enseñanzas divinas, si difieren y disputan, ambas están equivocadas. El propósito de esta ley incontrovertible de Dios es que entre dos almas del seno de los creyentes de Dios no surjan discordias ni disputas; y que hablen entre sí con amistad y amor infinitos. Si apareciese la menor huella de controversia, han de permanecer callados, y ambas partes han de dar fin a su discusión y recabar del Intérprete la realidad del asunto. ¡Este es el mandamiento indiscutible!
¡Con vosotros sea Bahá’u’l-Abhá!
Súplica
¡Oh Dios, mi Dios! Tú ves cómo la negra oscuridad ha envuelto a todas las regiones, todos los países están incendiados con la llama de la discordia, y el fuego de la guerra y la matanza arde por todo el Oriente y el Occidente. Se derrama la sangre, los cadáveres recubren el suelo y las cabezas cortadas yacen sobre el polvo del campo de batalla.
¡Oh Señor! Ten compasión de estos seres ignorantes y míralos con el ojo de la indulgencia y el perdón. Extingue este fuego para que se dispersen estas densas nubes que oscurecen el horizonte, el Sol de la Realidad brille con los rayos de la conciliación, se disipe esta intensa penumbra y la radiante luz de la paz derrame su resplandor sobre todos los países.
¡Oh Señor! Saca a las gentes del abismo del océano del odio y la enemistad, y líbralas de esta oscuridad impenetrable. Une sus corazones, e ilumina sus ojos con la luz de la paz y la reconciliación. Rescátalas de las profundidades de la guerra y la masacre, y libéralas de la oscuridad del error. Quita el velo de sus ojos, e ilumina sus corazones con la luz de guía. Trátalas con Tu tierna misericordia y compasión, y no con Tu justicia y Tu ira, que hacen temblar las extremidades de los poderosos.
¡Oh Señor! Las guerras continúan. El dolor y la angustia se han extendido, y toda región floreciente ha quedado devastada.
¡Oh Señor! Los corazones están tristes, y las almas, atormentadas. Ten misericordia de estas pobres almas y no las abandones a los excesos de sus propios deseos.
¡Oh Señor! Haz que aparezcan en Tus países almas humildes y sumisas, con rostros iluminados por los rayos de guía, y desprendidas del mundo, que alaben Tu Nombre, proclamen Tu alabanza y difundan la fragancia de Tu santidad entre la humanidad.
¡Oh Señor! Fortalece sus espaldas, prepáralas para laborar y arroba sus corazones con las poderosísimas señales de Tu amor.
¡Oh Señor! En verdad, son débiles, y Tú eres el Potente y el Poderoso; son impotentes, y Tú eres el Auxiliador y el Misericordioso.
¡Oh Señor! El océano de la rebelión se está encrespando, y estas tempestades no se aquietarán si no es por medio de Tu gracia ilimitada, que ha abarcado a todas las regiones.
¡Oh Señor! En verdad, las gentes se encuentran en el abismo de la pasión y nada puede salvarlas excepto Tus infinitas mercedes.
¡Oh Señor! Disipa la oscuridad de estos deseos corruptos y alumbra los corazones con la lámpara de Tu amor, por medio de la cual todos los países serán pronto iluminados. Confirma, además, a Tus amados, a aquellos que, abandonando su patria, su familia y sus hijos, han viajado a países distantes por amor a Tu Belleza para difundir Tus fragancias y promulgar Tus Enseñanzas. Sé Tú su compañero en su soledad, su auxiliador en tierras lejanas, el que disipe sus tristezas, su consuelo en la calamidad. Sé Tú el sorbo fresco que apacigüe su sed, la medicina que cure sus enfermedades y el bálsamo para el ardor que abrasa sus corazones.
Verdaderamente, Tú eres el Más Generoso, el Señor de gracia abundante y, verdaderamente, Tú eres el Compasivo y el Misericordioso.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Noreste
Revelada el 2 de febrero de 1917 en la habitación de Ismá’íl Áqá, en la casa de ‘Abdu’l-Bahá en Haifa, y dirigida a los bahá’ís de los nueve estados del Noreste de los Estados Unidos: Maine, Massachusetts, Nuevo Hampshire, Rhode Island, Connecticut, Vermont, Pensilvania, Nueva Jersey y Nueva York.
¡Él es Dios!
¡Oh amigos verdaderos!
A los ojos del único Dios verdadero, todos los países no son sino un solo país, y todas las ciudades y los pueblos están en pie de igualdad. Ninguno se distingue por encima de otro. Todos ellos son los campos de Dios y la morada de las almas humanas. No obstante, mediante la fe y la certeza, y la preeminencia lograda por unos sobre otros, el morador confiere honor a su morada, algunos países logran distinguirse y alcanzan una posición preeminente. Por ejemplo, a pesar de que algunos países de Europa y América se distinguen y sobrepasan a otros por la salubridad de su clima, la calidad de sus aguas y el encanto de sus montañas, llanuras y praderas, Palestina se convirtió en la gloria de todas las naciones, por cuanto todas las Manifestaciones santas y divinas, desde los tiempos de Abraham hasta la aparición del Sello de los Profetas (Muḥammad), han vivido en ese país, o emigrado a él, o viajado por él. Asimismo, La Meca y Medina han alcanzado gloria ilimitada, debido a que la luz profética brilló desde allí. Por esta razón, Palestina y Ḥijáz se han distinguido de los demás países.
El continente americano es, a los ojos del único Dios verdadero, donde se revelarán los esplendores de Su luz, donde se desvelarán los misterios de Su Fe, donde morarán los rectos y donde se reunirán las personas libres. Por consiguiente, cada rincón del mismo está bendecido; pero, puesto que esos nueve estados se han visto favorecidos con la fe y la certeza, debido a esta preeminencia han obtenido privilegios espirituales. Deben ser conscientes del valor de esta bendición; puesto que han obtenido tamaño favor, y para dar gracias por tan grande merced, deben disponerse a difundir las fragancias divinas, de modo que se haga realidad este santo versículo del Corán: «Dios es la luz del cielo y de la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara, encerrada en una vitrina de cristal; el cristal es como un astro radiante. Está encendida con el aceite de un Árbol bendito, un olivo que no es de Oriente ni de Occidente; ese aceite alumbra aunque no lo roce el fuego. Es luz sobre la luz. Dios encaminará hacia Su luz a quien Le plazca».1
Él dice: El mundo de la naturaleza es el mundo de la oscuridad, pues es el origen de mil perversiones; más aún, es oscuridad sobre oscuridad. La iluminación del mundo de la naturaleza depende del esplendor del Sol de la Realidad. La gracia de la guía es como el candil que arde en el cristal del conocimiento y la sabiduría, y ese cristal del conocimiento y la sabiduría es el espejo del corazón de la humanidad. El aceite de esa lámpara luminosa procede de los frutos del Árbol Bendito, y ese aceite es tan refinado que arde sin lumbre. Cuando confluyen la intensidad de la luz, la translucidez del cristal y la pureza del espejo, se produce luz sobre luz.
En resumen: por esos nueve estados benditos, ‘Abdu’l-Bahá viajó e hizo su travesía de un lugar a otro, explicó la sabiduría de los libros celestiales y difundió las fragancias. En la mayoría de esos estados fundó el Edificio divino y abrió la puerta de la enseñanza. En esos estados sembró las semillas puras y plantó los árboles benditos.
Ahora, los creyentes de Dios y las siervas del Misericordioso deben regar esos campos y, con la mayor energía, ocuparse en el cultivo de esas plantaciones celestiales, de modo que las semillas crezcan y se desarrollen, se alcancen prosperidad y bendiciones, y se recojan muchas cosechas abundantes.
El Reino de Dios es como un labrador que toma posesión de un terreno puro y virgen. Las semillas celestiales se esparcen en él, las nubes de la providencia divina dejan caer su lluvia y los rayos del Sol de la Realidad derraman su luz.
Toda esta munificencia se da y se manifiesta ahora plenamente en estos nueve estados. El Labrador divino pasó por esas tierras santas y esparció en esos campos las semillas puras de las enseñanzas del Señor; cayeron las lluvias de la munificencia de Dios y el calor del Sol de la Realidad —es decir, las confirmaciones misericordiosas— se hizo sentir en su esplendor meridiano. Es mi esperanza que cada una de esas almas benditas se convierta en un regador excepcional y sin igual, y que el Oriente y el Occidente de América se conviertan en un paraíso deleitable, de manera que todos oigáis la exclamación del Concurso Supremo: «¡Benditos sois y, de nuevo, benditos sois!».
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Los maestros y los amigos deben leer la siguiente súplica diariamente:
¡Oh bondadoso Señor! Alabado seas por cuanto nos has mostrado el camino de guía, has abierto las puertas del reino y Te has manifestado mediante el Sol de la Realidad. Has dado vista a los ciegos; has concedido oído a los sordos; has resucitado a los muertos; has enriquecido a los pobres; has mostrado el camino a quienes se han extraviado; has conducido a la fuente de guía a quienes tienen los labios resecos; has permitido que el pez sediento alcance el océano de la realidad y has invitado a las aves errantes al rosedal de la gracia.
¡Oh Todopoderoso! Somos Tus siervos y Tus pobres; estamos alejados y anhelamos Tu presencia; estamos sedientos del agua de Tu fuente; estamos enfermos y ansiamos Tu curación. Caminamos por Tu sendero y no tenemos otro objetivo ni esperanza que no sea la difusión de Tu fragancia para que todas las almas puedan exclamar: «¡Oh Dios, guíanos al camino recto!».2 Que sus ojos se abran para ver la luz y sean librados de la oscuridad de la ignorancia. Que se reúnan alrededor de la lámpara de Tu guía. Que los necesitados reciban su parte. Que los desposeídos se conviertan en los confidentes de Tus misterios.
¡Oh Todopoderoso! Dirígenos Tu mirada de misericordia. Otórganos confirmación divina. Concédenos el hálito del Espíritu Santo, para que seamos ayudados en Tu servicio y, como estrellas resplandecientes, brillemos en estas regiones con la luz de Tu guía.
En verdad, Tú eres el Potente, el Poderoso, el Sabio y el que ve.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Sur
Revelada el 3 de febrero de 1917 en Haifa, en la habitación de Ismá‘íl Áqá, y dirigida a los bahá’ís de los dieciséis estados del Sur de los Estados Unidos: Delaware, Maryland, Virginia, Virginia Occidental, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Florida, Alabama, Misisipi, Tennessee, Kentucky, Luisiana, Arkansas, Oklahoma y Texas.
¡Oh almas benditas y respetadas!
Los filósofos de la antigüedad, los pensadores de la Edad Media y los científicos de este siglo y de los anteriores concuerdan en el hecho de que la mejor región y la más idónea para el asentamiento humano es la zona templada, pues en esa franja los intelectos y pensamientos se elevan al culmen de la madurez, y la capacidad y habilidad de la civilización se manifiestan en su pleno apogeo. Cuando se lee la historia de modo crítico y con ojo penetrante, se hace evidente que la mayoría de los seres célebres han nacido, se han criado y han realizado su trabajo en la zona templada, en tanto que muy pocos han aparecido en las zonas tórridas o las regiones heladas.
Pues bien, estos dieciséis estados del Sur de los Estados Unidos están situados en la zona templada, y en esas latitudes las perfecciones del mundo de la naturaleza se han revelado plenamente. Pues lo moderado del clima, la belleza del paisaje y la configuración geográfica de la región ejercen un gran efecto en el mundo de la mente y del pensamiento. La observación y la experiencia confirman abundantemente este hecho.
Incluso las santas y divinas Manifestaciones han poseído una naturaleza altamente equilibrada: su salud e integridad corporales han sido completas, su constitución ha estado dotada de vigor físico, sus facultades han funcionado a la perfección y sus sensaciones externas, vinculadas a las percepciones internas, han actuado conjuntamente con energía y coordinación extraordinarias.
Por tanto, debido a que estos dieciséis estados son contiguos a otros estados y a que su clima es sumamente moderado, no hay duda de que las enseñanzas divinas han de revelarse con mayor fulgor en ellos, los hálitos del Espíritu Santo han de manifestar una intensidad penetrante, el océano del amor a Dios ha de agitarse con olas más crecidas, las brisas del rosedal del amor divino han de soplar con mayor viveza, y las fragancias de santidad han de difundirse con agilidad y rapidez.
Alabado sea Dios, pues las efusiones divinas son infinitas, la melodía de los principios del Señor produce el máximo resultado, el Astro más grande brilla con perfecto fulgor, las cohortes del Concurso Supremo avanzan con poder invencible, las lenguas son más afiladas que las espadas, los corazones resplandecen más que la luz de la electricidad, la magnanimidad de los amigos supera a toda la magnanimidad de las generaciones antiguas y recientes, las almas están divinamente atraídas y arde el fuego del amor a Dios.
En este momento y este periodo debemos valernos de tan excelente oportunidad. No debemos permanecer inactivos ni un instante; debemos abandonar el sosiego, el descanso, la tranquilidad, los bienes, las posesiones, la vida y el apego a las cosas materiales. Debemos sacrificarlo todo por Aquel que es el Poseedor de la existencia, a fin de que los poderes del Reino manifiesten mayor penetración y el brillo resplandeciente de este Nuevo Ciclo ilumine los mundos de las mentes y los ideales.
Durante unos veintitrés años las fragancias de Dios se han difundido por América, pero no ha tenido lugar un movimiento apropiado, ni se ha presenciado una gran aclamación o aceleración. Ahora, mi esperanza es que, mediante el poder celestial, las fragancias del Misericordioso, la atracción de las conciencias, las efusiones divinas, las cohortes celestiales y el borbotear del manantial del amor divino, los creyentes de Dios se levanten y en poco tiempo se desvele la faz del bien supremo, y el Sol de la Realidad brille con tal intensidad que la oscuridad del mundo de la naturaleza se disipe y desaparezca por completo; que de todos los rincones se eleve una espléndida melodía, que las aves mañaneras irrumpan con cánticos que revivan y movilicen al mundo de la humanidad, que los cuerpos sólidos se derritan y que las almas que son como rocas diamantinas desplieguen sus alas y, con el calor del amor a Dios, remonten su vuelo hacia el cielo.
Hace casi dos mil años, Armenia estaba sumida en una oscuridad impenetrable. Un alma bendita de entre los discípulos de Cristo viajó a esa región y, mediante su esfuerzo, en poco tiempo esa provincia se volvió luminosa. Así se ha hecho evidente cómo opera el poder del Reino.
Por lo tanto, tened total confianza en las confirmaciones del Misericordioso y en la ayuda del Altísimo; santificaos y purificaos de este mundo y de sus habitantes; haced que vuestras intenciones sean por el bien de todos; cortad vuestras ligaduras con el mundo y, cual esencia del espíritu, volveos ligeros y delicados. Entonces, con resolución firme, corazón puro, espíritu alborozado y lengua elocuente, emplead vuestro tiempo en la promulgación de los principios divinos para que la unicidad del mundo de la humanidad levante su pabellón en la cima de América y todas las naciones del mundo sigan la política divina. No hay duda de esto: la política divina es justicia y bondad para con toda la humanidad, pues todas las naciones del mundo son las ovejas de Dios, y Dios es el Buen Pastor. Él ha creado estas ovejas. Las ha protegido, criado y educado. ¿Qué mayor bondad cabe que esta? Y a cada momento debemos rendir cien mil gracias, pues —alabado sea Dios— estamos libres de todo prejuicio ignorante, somos bondadosos con todas las ovejas de Dios y nuestra mayor esperanza es servir a todos y cada uno y, como un padre benevolente, educar a todos.
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
Toda alma que viaje por las ciudades, pueblos y aldeas de estos Estados y esté dedicada a difundir las fragancias de Dios deberá leer atentamente esta oración cada mañana:
¡Oh mi Dios! ¡Oh mi Dios! Tú me ves en mi humildad y mi debilidad, ocupado en la mayor tarea, decidido a elevar Tu palabra entre las masas y a difundir Tus enseñanzas entre Tus pueblos. ¿Cómo puedo conseguirlo a menos que Tú me asistas con el hálito del Espíritu Santo, me ayudes a triunfar con las huestes de Tu glorioso reino y derrames sobre mí Tus confirmaciones, que por sí solas pueden transformar un mosquito en un águila, una gota de agua en ríos y mares, y un átomo en luces y soles? ¡Oh mi Señor! Asísteme con Tu poder victorioso y efectivo, para que mi lengua exprese Tus alabanzas y atributos entre todas las gentes, y mi alma rebose con el vino de Tu amor y Tu conocimiento.
Tú eres el Omnipotente y Quien hace lo que Le place.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados centrales
Revelada el 8 de febrero de 1917 en la habitación de Bahá’u’lláh en la casa de ‘Abbúd, en ‘Akká, y dirigida a los bahá’ís de los doce estados centrales de los Estados Unidos: Míchigan, Wisconsin, Illinois, Indiana, Ohio, Minnesota, Iowa, Misuri, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Nebraska y Kansas.
¡Él es Dios!
¡Oh creyentes y amigos íntimos!
En el gran Corán, Dios dice: «Él escoge como objeto de Su Misericordia a quien desea».1
Estos doce estados centrales de los Estados Unidos son como el corazón de América, y el corazón está vinculado a todos los órganos y partes del ser humano. Si el corazón cobra fuerza, todos los órganos del cuerpo se fortalecen, y si el corazón es débil, todos los componentes físicos padecen flaqueza.
Pues bien, alabado sea Dios, ya que desde el comienzo de la difusión de las fragancias de Dios, Chicago y sus alrededores han sido un corazón fuerte. Por lo tanto, mediante la gracia y providencia divinas se ha visto confirmado en ciertos aspectos importantes.
Primero: El llamamiento del Reino se elevó al principio desde Chicago. Este es, en realidad, un gran privilegio, pues en siglos y ciclos futuros será como un eje alrededor del cual girará la honra de Chicago.
Segundo: En ese bendito lugar, algunas almas se dispusieron con la mayor firmeza y constancia a promover la Palabra de Dios, e incluso hasta este momento, habiendo purificado y santificado su corazón de todo pensamiento, están ocupadas en la promulgación de las enseñanzas de Dios. Por ello, desde el Concurso Supremo se elevan sin cesar expresiones de alabanza.
Tercero: Durante sus viajes por América, ‘Abdu’l-Bahá pasó varias veces por Chicago y se reunió con los amigos de Dios. Permaneció en esa ciudad durante un tiempo. Día y noche estuvo ocupado en la mención del Verdadero y convocó a las gentes al Reino de Dios.
Cuarto: Hasta el presente, cada movimiento iniciado en Chicago ha visto sus efectos difundirse por doquier y en todas las direcciones, del mismo modo en que cualquier cosa que surja en el corazón y se manifieste desde allí ejerce su influencia en todos los demás órganos y miembros del cuerpo.
Quinto: El primer Mashriqu’l-Adhkár de América se instituyó en Chicago, y este honor y distinción revisten un valor incalculable. Sin duda, de este Mashriqu’l-Adhkár nacerán miles de otros Mashriqu’l-Adhkár.
Asimismo (se instituyeron en Chicago) las Convenciones Anuales generales, la fundación de Star of the West, la Editorial para la publicación de libros y Tablas, y su distribución por todos los rincones de América, así como los preparativos en curso para la celebración del Centenario de Oro del Reino de Dios. Espero que este Jubileo y esta Exposición se celebren con suma perfección, de modo que se alce el llamamiento al mundo de la unidad: «No hay otro Dios más que el Único Dios, y todos los Mensajeros, desde el comienzo hasta el Sello de los Profetas (Muḥammad) fueron enviados de parte del Verdadero»; se enarbole el estandarte de la unicidad del mundo de la humanidad, la melodía de la paz universal llegue a los oídos de Oriente y Occidente, se despejen y enderecen todos los caminos, todos los corazones sean atraídos al Reino de Dios, se erija el tabernáculo de la unidad en la cima de América, el cántico del amor a Dios alegre y alboroce a todas las naciones y los pueblos, la superficie de la Tierra se convierta en el paraíso eterno, se disipen las nubes oscuras y el Sol de la Verdad resplandezca con máxima intensidad.
¡Oh amigos de Dios! Esforzaos de alma y corazón para que se logre camaradería, amor, unidad y acuerdo entre los corazones, que todos los objetivos se fundan en un solo objetivo, que todos los cánticos se conviertan en un solo cántico y que el poder del Espíritu Santo llegue a ser tan inmensamente victorioso que supere todas las fuerzas del mundo de la naturaleza. Afanaos; vuestra misión es indeciblemente gloriosa. Si el éxito coronare vuestra empresa, América se convertirá, sin duda, en un centro del cual emanen las olas del poder espiritual, y el trono del Reino de Dios será firmemente establecido en la plenitud de su majestad y gloria.
Este mundo fenoménico no permanecerá inalterable ni siquiera por poco tiempo. Segundo tras segundo, sufre cambio y transformación. Todo cimiento acabará por ceder; toda gloria y esplendor se desvanecerán y desaparecerán finalmente; pero el Reino Dios es eterno y la soberanía y majestad celestiales permanecerán firmes para siempre. De ahí que, a los ojos de la persona sabia, una esterilla en el Reino de Dios sea preferible al trono del gobierno del mundo.
Mi oído y mi vista están constantemente dirigidos hacia los estados centrales, con la esperanza de que, por ventura, llegue a mis oídos la melodía de algunas almas benditas, almas que sean los puntos de amanecer del amor a Dios, las estrellas del horizonte de la pureza y espiritualidad, almas que iluminen este universo oscuro e infundan vida en este mundo yerto. ¡La alegría de ‘Abdu’l-Bahá depende de esto! Confío en que seáis confirmados en ello.
Por lo tanto, esas almas que se encuentren en un estado de máximo desprendimiento, purificadas de los defectos del mundo de la naturaleza, libres del apego a esta tierra y vivificadas por los alientos de la vida eterna, deben —con corazones luminosos, espíritu celestial, atracción de conciencia, magnanimidad divina, lengua elocuente y claras explicaciones— apresurarse a recorrer todos los lugares de los estados centrales. En cada ciudad y pueblo, deben ocuparse en difundir las exhortaciones y los consejos divinos, guiar a las almas y promover la unicidad del mundo de la humanidad. Deben entonar la melodía de la conciliación internacional con tal fuerza que todo sordo alcance a oírla, toda persona exánime sea encendida, todo muerto obtenga nueva vida y toda alma indiferente se extasíe. Es seguro que así será la consumación.
Que quienes difunden las fragancias de Dios reciten esta oración cada mañana:
¡Oh Señor, mi Dios! Toda alabanza y agradecimiento sean para Ti, pues me has guiado al camino del reino, me has permitido transitar por este recto y largo sendero, has iluminado mi vista al contemplar los esplendores de Tu Luz, has atraído mi oído hacia las melodías de las aves de la santidad que provienen del reino de los misterios y, con Tu amor, has atraído mi corazón entre los justos.
¡Oh Señor! Confírmame con el Espíritu Santo, para que, en Tu nombre, pueda hacer oír mi voz entre las naciones y dar las buenas nuevas de la manifestación de Tu reino entre la humanidad.
¡Oh Señor! Soy débil, fortaléceme con Tu poder y Tu potencia. Mi lengua vacila, permíteme expresar Tu conmemoración y alabanza. Soy humilde, hónrame admitiéndome en Tu reino. Estoy alejado, haz que me acerque al umbral de Tu misericordia. ¡Oh Señor! Haz de mí una lámpara brillante, una estrella resplandeciente y un árbol bendito, adornado con frutos y extendiendo sus ramas sobre todas estas regiones. Verdaderamente, Tú eres el Fuerte, el Poderoso y el Libre.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Oeste
Revelada el 15 de febrero de 1917 en la habitación de Bahá’u’lláh en la casa de ‘Abbúd, en ‘Akká, y dirigida a los bahá’ís de los once estados del Oeste de los Estados Unidos: Nuevo México, Colorado, Arizona, Nevada, California, Wyoming, Utah, Montana, Idaho, Oregón y Washington.
¡Él es Dios!
¡Oh amigos y siervas del Misericordioso, los escogidos del Reino!
El estado bendito de California guarda mucha semejanza con Tierra Santa, es decir, con Palestina. El clima es sumamente templado, la llanura, muy espaciosa, y se ven los mismos frutos que en Palestina, llenos de frescor y delicadeza. Cuando ‘Abdu’l-Bahá estaba viajando y transitando por esos estados, se sentía como si estuviera en Palestina, pues desde todo punto de vista había una semejanza perfecta entre esta región y aquel estado. Incluso, en algunos casos, las costas del océano Pacífico muestran un total parecido con las costas de Tierra Santa; hasta la flora de Tierra Santa ha crecido en aquellas orillas, y el estudio de la misma ha dado lugar a muchas especulaciones y asombro.
Asimismo, en el estado de California y en otros estados del Oeste se observan paisajes maravillosos del mundo de la naturaleza que desconciertan la mente humana. Por todos lados se ven elevadas montañas, cañones profundos, cataratas inmensas y majestuosas y árboles gigantes, al tiempo que el terreno es sumamente fértil y rico. Ese estado bendito es similar a Tierra Santa, y esa región y nación, cual paraíso deleitable, es en muchos aspectos idéntico a Palestina. Pues bien, de la misma forma en que se dan semejanzas naturales, también deben adquirirse semejanzas celestiales.
Las luces de las huellas divinas son visibles en Palestina. La mayoría de los Profetas de Israel hicieron el llamamiento del Reino de Dios en este suelo sagrado. Al esparcirse las enseñanzas espirituales, el olfato de las personas con inclinación espiritual quedó perfumado, los ojos de las almas iluminadas se esclarecieron, los oídos se estremecieron con ese cántico, los corazones lograron vida eterna mediante la brisa reconfortante del Reino de Dios y obtuvieron iluminación suprema del esplendor del Sol de la Realidad. Entonces, desde esta región, la luz se difundió por Europa, América, Asia, África y Australia.
Ahora, California y los demás estados del Oeste deben ganarse una semejanza ideal con la Tierra Santa, y desde ese estado y esa región han de difundirse los hálitos del Espíritu Santo a todas partes de América y Europa, para que el llamamiento del Reino de Dios conmueva y regocije todos los oídos, los principios divinos confieran nueva vida, los diferentes grupos se conviertan en un solo grupo, las ideas divergentes desaparezcan y giren en torno de un solo centro, el Este y el Oeste de América se unan en un abrazo, el himno de la unicidad del mundo de la humanidad confiera nueva vida a todos los hijos de los hombres, y el tabernáculo de la paz universal sea implantado en la cima de América; y, de este modo, Europa y África cobren vida mediante los hálitos del Espíritu Santo, este mundo se convierta en otro mundo, el cuerpo político consiga nuevo entusiasmo y, del mismo modo en que en el estado de California y en otros estados del Oeste son patentes y manifiestos los espectáculos maravillosos del mundo de la naturaleza, también se desvelen las grandes señales del Reino de Dios, de modo que el cuerpo se corresponda con el espíritu, el mundo exterior se convierta en un símbolo del mundo interior y el espejo de la Tierra llegue a ser el espejo del Reino, donde se reflejen las virtudes ideales del cielo.
Durante mi recorrido y mis viajes por esas regiones, contemplé paisajes maravillosos y bellos panoramas naturales, vergeles y ríos; parques nacionales y espacios públicos; desiertos, llanuras, praderas y campiñas; y las mieses y los frutos de esa región llamaron mucho mi atención; incluso ahora los tengo presentes en la memoria.
Sobre todo, estuve muy contento con las reuniones de San Francisco y Oakland, los encuentros de Los Ángeles y los creyentes que acudieron desde las ciudades de otros estados. Siempre que me vienen a la mente sus rostros, enseguida siento una dicha infinita.
Por tanto, espero que las enseñanzas divinas, como los rayos del Sol, se difundan en todos los estados del Oeste y que se haga realidad este santo versículo del Corán: «¡Es una buena Ciudad y el Señor es el Perdonador!».1 Y, asimismo, que se revelen con el mayor resplandor los significados de otros dos versículos coránicos: «¿Acaso no viajan por la Tierra?»2 y «Contemplad las huellas de la Misericordia de Dios!».3
Alabado sea Dios, pues mediante la gracia y providencia divinas, el campo del servicio en esa región es amplio, las mentes alcanzan el máximo grado de inteligencia y progreso, se promueven las ciencias y las artes, los corazones —cual espejos— son puros y transparentes en sumo grado, y los amigos de Dios están totalmente atraídos. Así pues, es de esperar que se organicen e instituyan reuniones para la enseñanza y que se envíen maestros sabios a las ciudades, e incluso a los pueblos, con el fin de difundir las fragancias de Dios.
Los maestros de la Causa deben ser espirituales, refinados y radiantes. Deben ser espíritu encarnado e intelecto personificado, y disponerse a servir con la máxima firmeza, constancia y abnegación. En sus viajes, no deben estar apegados a la comida y la vestimenta. Deben concentrar sus pensamientos en las efusiones del Reino de Dios e implorar las confirmaciones del Espíritu Santo. Con poder divino, con atracción de la conciencia, con buenas nuevas divinas y santidad celestial, deben perfumar los sentidos del olfato con las fragancias del Paraíso de Abhá.
Deben leer la siguiente súplica cada día:
¡Oh Dios, oh Dios! Esta ave tiene un ala rota y su vuelo es muy lento; ayúdala a remontarse a la cúspide de la prosperidad y la salvación, volar con la mayor alegría y felicidad por el espacio infinito, entonar su melodía en Tu Supremo Nombre por todas las regiones, deleitar los oídos con este llamado e iluminar los ojos al contemplar las señales de guía.
¡Oh Señor! Heme aquí, solo, solitario y sumiso. No hay apoyo para mí salvo Tú, ni auxiliador sino Tú, ni sostenedor aparte de Ti. Confírmame en Tu servicio, ayúdame con las cohortes de Tus ángeles, hazme victorioso en la promoción de Tu Palabra y permíteme proclamar Tu sabiduría entre Tus criaturas. Verdaderamente, Tú eres el que ayuda a los débiles y el defensor de los pequeños, y, en verdad, Tú eres el Potente, el Poderoso y el Libre.
Tabla dirigida a los bahá’ís de Canadá y Groenlandia
Revelada el 21 de febrero de 1917 en la habitación de Bahá’u’lláh en la casa ‘Abbúd, en ‘Akká, y dirigida a los bahá’ís de Canadá —Terranova, Isla del Príncipe Eduardo, Nueva Escocia, Nuevo Brunswick, Quebec, Saskatchewan, Manitoba, Ontario, Alberta, Columbia Británica, Yukón, Mackenzie, Keewatin, Ungava e islas Franklin— y Groenlandia.
¡Él es Dios!
¡Oh bondadosos amigos y siervas del Misericordioso!
En el gran Corán, Dios dice: «No verás diferencias en las criaturas de Dios».1 En otras palabras, Él afirma que, desde un punto de vista ideal, no hay variación entre las criaturas de Dios, pues todas han sido creadas por Él. De esta premisa se deduce que no hay diferencia entre los países; con todo, el futuro del Dominio del Canadá es muy grande y los sucesos relacionados con él son infinitamente gloriosos. El ojo de la benevolencia de Dios se dirigirá hacia él, y llegará a ser la manifestación de los favores del Todoglorioso.
Durante su viaje y estancia por ese Dominio, ‘Abdu’l-Bahá sintió la mayor alegría. Antes de mi partida, muchas almas me advirtieron que no viajara a Montreal, debido a que la mayoría de sus habitantes son católicos en extremo fanáticos, que están sumergidos en el océano de las imitaciones, que carecen de la capacidad de atender a la llamada del Reino de Dios, que el velo del fanatismo ha tapado sus ojos a tal punto que se han privado de contemplar las señales de la Más Grande Guía, y que los dogmas han tomado posesión de sus corazones por completo, sin dejar huella alguna de la realidad. Afirmaban que, aunque el Sol de la Realidad brillara con perfecto esplendor en ese Dominio, las nubes oscuras e impenetrables de las supersticiones han envuelto el horizonte hasta el punto que sería imposible que alguien percibiera sus rayos.
Pero todas estas historias no hicieron mella alguna en la resolución de ‘Abdu’l-Bahá. Confiando en Dios, volvió el rostro hacia Montreal. Cuando puso pie en esa ciudad, vio que todas las puertas estaban abiertas, encontró que los corazones eran receptivos en grado sumo y que el poder ideal del Reino de Dios eliminaba toda traba y obstáculo. En las iglesias y reuniones de ese Dominio, emplazó a las personas al Reino de Dios con la máxima alegría y esparció semillas que serán regadas con la mano del poder divino. No hay duda de que esas semillas crecerán, se volverán verdes y lozanas, y se recogerán muchas y abundantes cosechas. Al promover los principios divinos no halló antagonistas ni adversarios. Los creyentes con los que se encontró en esa ciudad eran sumamente espirituales y estaban atraídos por las fragancias de Dios. Halló que, gracias a los esfuerzos de la sierva de Dios, la señora Maxwell, varios hijos e hijas del Reino residentes en ese Dominio estaban unidos y se asociaban unos con otros, con lo cual acrecentaban este feliz alborozo día a día. La estancia estuvo limitada a unos pocos días, pero los resultados futuros serán inagotables. Cuando un labrador se hace con un terreno virgen, en poco tiempo cultivará un campo de gran extensión. Por lo tanto, confío en que, en el futuro, Montreal cobre tal vitalidad que desde ese Dominio la melodía del Reino se extienda a todos los rincones del mundo y que los hálitos del Espíritu Santo se difundan desde ese centro hacia el este y el oeste de América.
¡Oh creyentes de Dios! No dejéis que os preocupe la pequeñez de vuestro número, ni os sintáis oprimidos por la multitud de un mundo incrédulo. Cinco granos de trigo serán dotados de bendiciones celestiales, mientras que mil toneladas de cizaña no producirán resultado ni efecto alguno. Un árbol fértil será la causa de la vida de la sociedad, mientras que mil bosques de árboles salvajes no darán fruto alguno. El páramo está cubierto de guijarros, pero las piedras preciosas son raras. Una perla es mejor que mil desiertos de arena, especialmente esta perla de gran valor, que está dotada con la bendición divina. Dentro de poco, otras miles de perlas nacerán de ella. Cuando esa perla se asocie e intime con los guijarros, estos se transformarán también en perlas.
De nuevo, repito que el futuro de Canadá, ya sea desde el punto de vista material o espiritual, es muy grande. Día tras día se ampliarán la civilización y la libertad. Las nubes del Reino regarán las semillas de guía que se han sembrado allí. Por lo tanto, no descanséis ni busquéis la tranquilidad; no os apeguéis a los lujos de este mundo efímero, liberaos de toda atadura y esforzaos de alma y corazón por asentaros plenamente en el Reino de Dios. Ganad los tesoros celestiales. Volveos más iluminados día a día. Acercaos más y más al umbral de la unicidad. ¡Convertíos en la manifestación de favores espirituales y en puntos de amanecer de luces infinitas! Si es posible, enviad maestros a otras partes del Canadá; asimismo, despachad maestros a Groenlandia y al territorio de los esquimales.
En cuanto a los maestros, deben despojarse por completo de las viejas indumentarias y vestirse con un nuevo atuendo. De acuerdo con la declaración de Cristo, deben alcanzar la condición del renacimiento; es decir, si bien la primera vez nacieron de la matriz de la madre, esta vez deben nacer de la matriz del mundo de la naturaleza. De la misma manera en que ahora son totalmente inconscientes de las experiencias del mundo fetal, también deben olvidar por completo los defectos del mundo de la naturaleza. Deben ser bautizados con el agua de vida, con el fuego del amor a Dios y los hálitos del Espíritu Santo; estar satisfechos con poca comida, pero tomar en abundancia de la mesa celestial. Deben desvincularse de la tentación y la codicia, y llenarse del espíritu. Mediante el efecto de su aliento puro, deben cambiar la piedra en un rubí resplandeciente, y el caparazón, en una perla. Como una nube de lluvias primaverales, deben transformar la tierra negruzca en una rosaleda y un vergel. Deben hacer que el ciego vea, que el sordo oiga, que el apagado se encienda y brille, y que el muerto sea vivificado.
¡Salutaciones y alabanzas sean con vosotros!
¡Alabado seas, oh mi Dios! Estos son Tus siervos, atraídos por las fragancias de Tu misericordia, encendidos por el fuego que arde en el árbol de Tu singularidad, y con los ojos iluminados al contemplar los resplandores de la luz que brilla en el Sinaí de Tu unicidad.
¡Oh Señor! Desata sus lenguas para que hagan mención de Ti entre Tu pueblo, permíteles expresar Tu alabanza mediante Tu gracia y bondad, ayúdalos con las cohortes de Tus ángeles, fortalécelos en Tu servicio y hazlos señales de Tu guía entre Tus criaturas. Verdaderamente, Tú eres el Todopoderoso, el Más Exaltado, Quien siempre perdona, el Todomisericordioso.
Quienes difundan las fragancias de Dios deben recitar esta oración cada mañana:
¡Oh Dios, mi Dios! Tú ves a este débil ser implorando la fortaleza divina, a este pobre suplicando Tus tesoros celestiales, a este sediento ansiando la fuente de vida eterna, a este afligido anhelando Tu curación prometida mediante Tu ilimitada misericordia que has destinado para Tus siervos elegidos en Tu reino de lo alto.
¡Oh Señor! No tengo otro auxiliador sino Tú, ni otro amparo salvo Tú, ni otro sostenedor más que Tú. Ayúdame con Tus ángeles a difundir Tus santas fragancias y a diseminar Tus enseñanzas entre los más selectos de Tu pueblo.
¡Oh mi Señor! Permíteme desprenderme de todo excepto de Ti, asirme fuertemente del borde de Tu generosidad, consagrarme totalmente a Tu Fe, permanecer firme y seguro en Tu amor y observar lo que Tú has prescrito en Tu Libro.
Verdaderamente, Tú eres el Fuerte, el Poderoso, el Omnipotente.
Tabla dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá
Revelada el 8 de marzo de 1917 en la casita de verano (habitación de Ismá‘ílÁqá) de ‘Abdu’l-Bahá en Haifa, y dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá.
¡Él es Dios!
¡Oh almas celestiales, hijos e hijas del Reino!
En el Corán, Dios dice: «Aferraos todos a la Cuerda de Dios y no os desunáis».1
En el mundo contingente hay muchos centros colectivos que favorecen la afinidad y la unidad entre los hijos de los hombres. Por ejemplo, el patriotismo es un centro colectivo, el nacionalismo es un centro colectivo, la identidad de intereses es un centro colectivo, la alianza política es un centro colectivo, la unión de ideales es un centro colectivo, y la prosperidad del mundo humano depende de la organización y promoción de centros colectivos. No obstante, en realidad, todas estas instituciones representan la materia, no la sustancia; son accidentales, no eternas; temporales, no sempiternas. Con la aparición de grandes revoluciones y revueltas, todos estos centros colectivos quedan arrasados. Pero el Centro Colectivo del Reino, que encarna instituciones y enseñanzas divinas, es el Centro Colectivo eterno. Entrelaza el Oriente y el Occidente, organiza la unicidad del mundo de la humanidad y destruye la base de las diferencias. Supera e incluye a todos los demás centros colectivos. Como el rayo de sol, despeja por completo la oscuridad que envuelve a todas las regiones, infunde vida ideal y causa el resplandor de la iluminación divina. Mediante los hálitos del Espíritu Santo, obra milagros; Oriente y Occidente se unen en un abrazo, el Norte y el Sur llegan a ser íntimos y asociados, desaparecen las opiniones opuestas y encontradas, se dejan de lado los objetivos antagónicos, se abroga la ley de la lucha por la existencia y se erige el pabellón de la unicidad del mundo de la humanidad en la cima del planeta, para proyectar su sombra sobre todas las razas humanas. Así pues, el verdadero Centro Colectivo es el conjunto de las enseñanzas divinas, que incluye todos los grados y abarca todas las relaciones universales y las leyes necesarias de la humanidad.
¡Observad! Las gentes de Oriente y Occidente vivían en un estado de máximo alejamiento unas de otras. Ahora, en cambio, ¡cuán familiarizadas y unidas están entre sí! ¡Qué lejos están los habitantes de Persia de los países más remotos de América! Y ahora, ¡mirad qué grande ha sido la influencia del poder celestial, pues la distancia de miles de millas ha quedado reducida a un solo paso! ¡Cuántas son las naciones que no tenían relaciones ni guardaban semejanza entre sí y que ahora están unidas y de acuerdo unas con otras mediante este poder divino! Ciertamente, Dios es el poseedor de poder en el pasado y en el futuro. Y, en verdad, Dios tiene dominio sobre todas las cosas.
Considerad las flores de un jardín. Aunque difieren en tipo, color, forma y aspecto, sin embargo, puesto que las riegan las aguas de una sola fuente, las vivifica el soplo de una sola brisa y las vigorizan los rayos de un único sol, esta diversidad aumenta su encanto y realza su belleza. ¡Qué desagradable sería a la vista si todas las flores y plantas, las hojas y capullos, los frutos, las ramas y los árboles de ese jardín fueran de la misma forma y color! La diversidad de colorido, de forma y aspecto enriquece y adorna el jardín, y realza su efecto. De la misma manera, cuando se reúnan distintos matices de pensamiento, temperamento y carácter, y se sometan al poder y la influencia de un único agente central, se revelarán y pondrán de manifiesto la belleza y la gloria de la perfección humana. Nada que no sea el poder celestial de la Palabra de Dios, que gobierna y trasciende las realidades de todas las cosas, es capaz de armonizar los pensamientos, sentimientos, ideas y convicciones divergentes de los hijos de los hombres.
Por lo tanto, los creyentes de Dios de todas las repúblicas de América deben convertirse, mediante el poder divino, en la causa de la promoción de las enseñanzas celestiales y el establecimiento de la unicidad de la humanidad. Cada una de esas almas importantes debe levantarse, insuflar el aliento de vida en todos los lugares de América, conferir a las gentes un nuevo espíritu, bautizarlas con el fuego del amor a Dios, el agua de vida y los alientos del Espíritu Santo, de modo que se haga realidad el segundo nacimiento. Pues en el Evangelio está escrito: «Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es».2
Así pues, oh creyentes de Dios de los Estados Unidos y Canadá. Escoged a personas distinguidas, o bien que ellas mismas, por iniciativa propia, abandonando el descanso y la tranquilidad del mundo, se levanten y viajen por Alaska, la república de México y las repúblicas de Centroamérica al sur de México, como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Belice; y por las grandes repúblicas suramericanas, como Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Guayana Francesa, Guayana Holandesa, Guayana Británica, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile; también por el grupo de las islas de las Indias Occidentales, como Cuba, Haití, Puerto Rico, Jamaica y Santo Domingo, y el grupo de islas de las Antillas Menores, las islas Bahamas y las islas Bermudas; y, asimismo, que viajen a las islas situadas al este, oeste y norte de Suramérica, como Trinidad, islas Malvinas, Galápagos, Juan Fernández y Tobago. Visitad en especial la ciudad de Bahía, en la costa oriental de Brasil. Puesto que en años recientes esa ciudad recibió el nombre de Bahía, no hay duda de que ello ha sido merced a la inspiración del Espíritu Santo.
En consecuencia, los creyentes de Dios deben desplegar el máximo esfuerzo, elevar la melodía divina por esas regiones, promulgar las enseñanzas celestiales e infundir en todos el espíritu de la vida eterna, de modo que esas repúblicas se iluminen a tal punto con los esplendores y las refulgencias del Sol de la Realidad que se conviertan en objeto de la alabanza y el encomio del resto de los países. Asimismo, debéis prestar gran atención a la República de Panamá, ya que en ese punto se encuentran unidos el Occidente y el Oriente mediante el canal de Panamá, y está situada entre los dos grandes océanos. Ese lugar llegará a ser muy importante en el futuro. Una vez se establezcan allí las enseñanzas, unirán el Oriente y el Occidente, así como el Norte y el Sur.
De ahí que deba purificarse la intención y ennoblecerse y elevarse el esfuerzo, de modo que podáis establecer afinidad entre los corazones del mundo de la humanidad. Esta gloriosa meta no se cumplirá salvo mediante la promoción de las enseñanzas divinas, que son los cimientos de las santas religiones.
¡Observad cómo las religiones de Dios sirvieron al mundo de la humanidad! ¡Cómo la religión de la Torá redundó en la gloria, el honor y el progreso de la nación israelita! ¡Cómo los alientos del Espíritu Santo de Cristo crearon afinidad y unidad entre comunidades divergentes y familias enemistadas! ¡Cómo el poder sagrado de Muḥammad se convirtió en el medio de unificar y armonizar las tribus contrincantes y los clanes enfrentados de la península arábiga, a tal punto que mil tribus se fundieron en una sola, se eliminó la contienda y la discordia, y todas ellas, con unidad y avenencia, se afanaron por fomentar la causa de la cultura y la civilización, y de esta forma se libraron de la peor degradación para remontarse hacia las alturas de gloria sempiterna! ¿Acaso se puede encontrar un Centro Colectivo mayor que este en el mundo fenoménico? En comparación con este Centro Colectivo divino, el centro colectivo nacional, el centro colectivo patriótico, el centro colectivo político y el centro colectivo cultural e intelectual son como un juego de niños.
Pues bien, esforzaos para que el Centro Colectivo de las religiones sagradas — para cuya inculcación fueron manifestados todos los Profetas, y que no es otra cosa que el espíritu de las enseñanzas divinas— se difunda por todas partes de América, de modo que cada uno de vosotros brille desde el horizonte de la realidad cual estrella matutina, que la claridad divina se sobreponga a la oscuridad de la naturaleza, y el mundo de la humanidad sea iluminado. ¡Esta es la mayor tarea! Si sois confirmados en ella, este mundo se convertirá en otro mundo, la faz de la Tierra se convertirá en un paraíso deleitable y se fundarán Instituciones eternas.
Quien viaje por diferentes lugares para enseñar, que lea detenidamente esta súplica por montañas, desiertos, tierras y mares:
¡Oh Dios, oh Dios! Tú ves mi debilidad, mi pequeñez y humildad ante Tus criaturas; sin embargo, he confiado en Ti y me he levantado a promover Tus enseñanzas entre Tus siervos firmes, confiando en Tu fuerza y Tu poder.
¡Oh Señor! Soy un ave con el ala rota y deseo remontarme en Tu espacio ilimitado. ¿Cómo puedo hacerlo si no es por medio de Tu providencia y Tu gracia, Tu confirmación y Tu ayuda?
¡Oh Señor! Apiádate de mi debilidad y fortaléceme con Tu poder. ¡Oh Señor! Apiádate de mi impotencia y ayúdame con Tu poder y Tu majestad.
¡Oh Señor! Si el hálito del Espíritu Santo confirmara a la más débil de las criaturas, alcanzaría todo aquello a lo que aspirase y poseería cualquier cosa que desease. Ciertamente, Tú has ayudado a Tus siervos en el pasado y, aun siendo las más débiles de Tus criaturas, los más humildes de Tus siervos y los más insignificantes de quienes vivían sobre la tierra, mediante Tu venia y Tu potencia prevalecieron sobre los más gloriosos de Tu pueblo y los más nobles de la humanidad. Mientras que antes eran como polillas, se convirtieron en halcones reales; mientras que antes eran como arroyos, se convirtieron en mares, mediante Tu dádiva y Tu misericordia. Por medio de Tu grandísimo favor, se convirtieron en estrellas que relumbran en el horizonte de la guía, aves que cantan en los rosedales de la inmortalidad, leones que rugen en las selvas del conocimiento y la sabiduría, y ballenas que nadan en los océanos de la vida.
Verdaderamente, Tú eres el Clemente, el Potente, el Poderoso y el Más Misericordioso de los misericordiosos.
Notas y referencias
1. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Noreste
2. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Sur
3. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados centrales
- Cfr. Mateo 13, 23. ↩
4. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Oeste
5. Tabla dirigida a los bahá’ís de Canadá y Groenlandia
- Corán 39, 69. ↩
6. Tabla dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá
8. Tabla dirigida a los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá
- Cfr. Mateo 10, 14. ↩
9. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Noreste
11. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados centrales
- Corán 2, 105; 3, 74. ↩
12. Tabla dirigida a los bahá’ís de los estados del Oeste
13. Tabla dirigida a los bahá’ís de Canadá y Groenlandia
- Corán 67, 3. ↩